Dormir es una necesidad básica para nuestro bienestar físico y mental, pero no todos los momentos de sueño son iguales. Durante la noche, nuestro cuerpo y cerebro atraviesan varias fases, cada una con funciones específicas que contribuyen a nuestra recuperación y salud.
Conocer estas fases nos ayuda a entender mejor la importancia de un buen descanso y cómo afecta a nuestro día a día.

1. Fase 1: Sueño ligero (NREM 1)
Qué es:
Ésta es la etapa inicial del sueño, en la que comenzamos a desconectarnos del entorno. La actividad cerebral disminuye y los músculos de nuestro cuerpo se relajan. Durante esta fase predominan las ondas theta, de baja frecuencia (aproximadamente 4–7 Hz), que reflejan un estado de transición entre la vigilia y el sueño. Estas ondas permiten al cerebro prepararse gradualmente para las etapas más profundas, facilitando la relajación del sistema nervioso y la adaptación a un sueño reparador.
Por qué es importante:
Aunque se trata de un sueño ligero, esta fase es fundamental para preparar al cuerpo y al cerebro para las etapas más profundas y reparadoras. Permite una adaptación progresiva del sistema nervioso y facilita la posterior consolidación de procesos fisiológicos y cognitivos durante el sueño.
2. Fase 2: Sueño ligero profundo (NREM 2)
Qué es:
En esta etapa, la respiración y el ritmo cardíaco se regulan y la temperatura corporal baja ligeramente. La actividad cerebral muestra patrones específicos llamados husos del sueño, que son ráfagas breves de ondas rápidas de tipo sigma, visibles en el electroencefalograma. Estos husos ayudan a proteger el descanso frente a estímulos externos y facilitan la consolidación de la memoria y los aprendizajes realizados durante el día. Además, en esta fase también se observan complejos K, picos breves de alta amplitud que reflejan la sincronización cerebral y la estabilidad del sueño.
Por qué es importante:
La fase 2 ocupa cerca del 50% del tiempo total de sueño y es esencial para la consolidación de la memoria y el aprendizaje. Los husos del sueño refuerzan las conexiones sinápticas y predicen un mejor rendimiento cognitivo.
3. Fase 3: Sueño profundo (NREM 3)
Qué es:
También llamada sueño de ondas lentas, es la etapa más reparadora del sueño no REM. Durante esta fase, el cerebro muestra predominantemente ondas delta, de gran amplitud y baja frecuencia (aproximadamente 0,5–4 Hz), que reflejan un estado de profunda sincronización neuronal y descanso profundo. Mientras tanto, el cuerpo realiza funciones esenciales de recuperación: repara tejidos, fortalece el sistema inmunológico y libera hormonas del crecimiento. Esta etapa también contribuye a la consolidación de la memoria declarativa, ayudando a fijar aprendizajes y experiencias recientes.
Por qué es importante:
El sueño profundo favorece la reparación física gracias a la liberación de hormonas del crecimiento, fortalece el sistema inmunológico y facilita la limpieza de toxinas cerebrales. Además, consolida la memoria declarativa, ayudando a fijar aprendizajes y recuerdos.
4. Fase 4: Sueño REM (Movimiento Ocular Rápido)
Qué es:
La fase REM se caracteriza por un cerebro muy activo mientras el cuerpo permanece prácticamente inmóvil, con los músculos paralizados. Durante esta etapa predominan las ondas cerebrales de tipo beta y ondas rápidas de baja amplitud, similares a las que se observan en la vigilia, lo que refleja un estado de activación cortical intenso. En esta fase ocurren los sueños más vívidos, y el cerebro procesa emociones, experiencias recientes y aprendizajes, integrando la información con conocimientos previos. Esta actividad favorece la regulación emocional, la creatividad y la consolidación de la memoria episódica y de habilidades.
Por qué es importante:
El sueño REM es fundamental para la regulación emocional, la creatividad y la consolidación de la memoria episódica y procedural. Permite organizar experiencias afectivas y cognitivas, favoreciendo la adaptación psicológica y la capacidad de resolución de problemas.

¿Cómo se alternan estas fases?
Durante la noche, pasamos por varios ciclos que duran aproximadamente 90 minutos, donde las fases se alternan en un patrón: primero NREM (1, 2 y 3) y luego REM. Al avanzar la noche, la fase REM se va alargando, lo que favorece el procesamiento emocional y la integración psicológica y cognitiva.
Conclusión
Dormir bien no solo significa dormir muchas horas, sino también que el sueño incluya todas sus fases para que el cuerpo y la mente se recuperen adecuadamente. Cuidar tus hábitos de sueño favorece el descanso profundo y mejora tu bienestar general.
Eva González
Descubre más desde Mandala Psicologia Psicoterapia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

