¿Cómo es el proceso que me lleva a hacer todo lo que hago?
Cada día tomamos cientos de pequeñas decisiones: levantarnos, comer, hablar… Y aunque muchas veces estas decisiones y acciones parecen automáticas, todas forman parte de un proceso interno que nos guía desde la sensación o necesidad hasta la acción, y de la acción a la satisfacción. La vida, en este sentido, es entendida como un continuo fluir que se despliega en el contacto vivo entre el organismo y su ambiente.

Desde la teoría de la Gestalt, el ser humano es un organismo vivo en permanente relación con su entorno. Sus necesidades cambian, al igual que cambian las circunstancias de su entorno, y esto lo lleva a un continuo proceso de autorregulación, en el que cada experiencia abre la posibilidad de nuevos ajustes y descubrimientos. Mente, cuerpo y emociones actúan de manera integrada para mantener el equilibrio y responder a las necesidades que emergen en contacto con el ambiente.
Este movimiento natural de ajuste entre el organismo y el ambiente se conoce como Ciclo de la Experiencia o ciclo gestáltico. este ciclo explica cómo los individuos identifican una necesidad, la llevan a la conciencia, movilizan recursos para satisfacerla, actúan y finalmente se retiran tras la satisfacción, permitiendo la integración de la experiencia.
El Ciclo de la Experiencia: sentir, actuar y cerrar
Autores como Fritz Perls, Laura Perls y Paul Goodman —fundadores de la Terapia Gestalt— describen como el ciclo de la experiencia o de la autorregulación organísmica como un flujo continuo de contacto y retirada entre el individuo y su entorno, que incluye distintas fases:
- Fase de sensación: algo cambia en el cuerpo o en el entorno. Surge un síntoma corporal o emocional (por ejemplo, hambre, sed, tristeza, curiosidad), que indica la aparición de una necesidad. Se trata de una fase pasiva en que la persona se escucha asimismo.
- Fase de toma de conciencia (awareness): se identifica la necesidad o deseo, poniendo nombre: “tengo hambre”, “necesito descansar”, “me siento sola”. Esta identificación se da gracias a aspectos cognitivos y afectivos. En esta fase pueden intervenir tres funciones: la atención, la capacidad de darse cuenta (awareness) y la voluntad.
- Fase de movilización de energía: la toma de conciencia impulsa la acción, apareciendo el deseo, la intención o el impulso de satisfacer esa necesidad.
- Fase de acción: el organismo se vuelve activo y actúa para aproximarse a aquello que necesita o desea. La realización de esta fase, pues, dependerá de aspectos como la voluntad, audacia o decisión.
- Fase de contacto: ocurre el encuentro con aquel elemento del ambiente que da respuesta a la necesidad, vinculandose organismo y ambiente por unos instantes. Es el momento de mayor intensidad y presencia.
- Fase de satisfacción o realización: es la percepción de que la necesidad ha sido cubierta, que lleva a un estado interno de calma y consumación.
- Fase de retirada: una vez satisfecha la necesidad, es el momento de retirarse y la energía se relaja. Surge una sensación vacío agradable y paz. En esta fase, el organismo se reorganiza, dejando espacio para que emerja una nueva necesidad o deseo.
Estas fases no siempre se viven de manera lineal ni con la misma intensidad emocional, y además muchas veces se superponen. El éxito de este proceso implica saber identificar aquello que necesitamos, valorar nuestras opciones en relación con el ambiente, orientar nuestras acciones y habilidades hacía esas opciones más idóneas para satisfacer la necesidad y, una vez realizado este contacto entre organismo y ambiente y satisfecha la necesidad, retirarnos para permitir que el ciclo se cierre y pueda surgir otra necesidad a continuación.
Un ejemplo sencillo: la sed
Imaginemos algo tan simple como tener sed.
Primero aparece una sensación corporal —sequedad en la boca—. Nuestra conciencia reconoce esa sensación como “tengo sed”, y decidimos buscar agua.
Dejamos lo que estamos haciendo, nos movemos, bebemos… y al hacerlo, sentimos alivio y satisfacción. Una vez cubierta la necesidad, el ciclo se completa y aparece una sensación de descanso o neutralidad.
Esa pequeña pausa es el vacío fértil, el momento en que algo se cierra y queda disponible la energía para que nazca una nueva necesidad o deseo.

¿Qué pasa cuando un ciclo se interrumpe?
Este ciclo en ocasiones, se puede ver bloqueado o interrumpido por nosotros mismos, causando que no se logre alcanzar la satisfacción de la necesidad o deseo. Las formas en que interrumpimos el camino hacia la satisfacción de nuestras necesidades son diversas y personales, y se manifiestan de diferentes maneras. Por ejemplo, que no nos permitamos sentir una emoción, que no actuemos por miedo o culpa, o que no podamos retirarnos después del contacto; en Gestalt, a este hecho se le llama mecanismos de interrupción del contacto o resistencias.
Estas interrupciones muchas veces se realizan de forma inconsciente, con el fin de protegernos y evitar entrar en contacto con necesidades psicológicas que resultan difíciles, dolorosas o amenazantes. Causando que el ciclo no llegue a completarse, la necesidad quede insatisfecha y la experiencia permanezca abierta. Esta situación inconclusa tiende a repetirse y a “atrapar” a la persona, consumiendo energía y generando malestar. Por ejemplo, si una necesidad de afecto se reprime durante mucho tiempo, puede aparecer desmotivación, irritabilidad o sensación de vacío.
Por eso es fundamental prestarles atención, para ser conscientes de estos mecanismos de defensa y comprender cómo se interrumpe la autorregulación psíquica, también llamada homeostasis. Estas interrupciones pueden llevar al organismo a permanecer en tensión y genera en nosotros estados continuos de alerta, ansiedad o malestar.
En resumen
Vivir de manera plena implica mantener la capacidad de prestar atención al presente, atender las necesidades reales y permitir que cada experiencia encuentre su cierre. Desde ahí puede aparecer el movimiento natural hacia lo nuevo, ese “vacío fértil” donde nacen la vida, la calma y el sentido.
El reconocimiento del Ciclo de la Experiencia acompaña este proceso de autorregulación y nos invita a un contacto más consciente y vivo con uno mismo y con el entorno.
Conscrito por Eva González y Ariadna Maurici
Descubre más desde Mandala Psicologia Psicoterapia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
