Las rabietas forman parte del desarrollo natural de los niños y las niñas. Son momentos intensos en los que sus emociones desbordadas salen a la luz, y aunque para los adultos puedan resultar agotadoras o incómodas, en realidad son una oportunidad para aprender a gestionar emociones y reforzar el vínculo con nuestros hijos. En su libro Rabietas, la consultora de crianza consciente Míriam Tirado ofrece claves prácticas y reflexiones para acompañar esta etapa con respeto, humor y amor.

¿Por qué ocurren las rabietas?
Según Tirado, las rabietas aparecen porque los niños todavía no tienen la madurez suficiente para regular sus emociones. La frustración, el cansancio, el hambre o la necesidad de autonomía pueden provocar una explosión emocional que no saben expresar de otra manera. Entender esto ayuda a los adultos a no tomar las rabietas como un ataque personal, sino como parte del proceso de crecimiento.
El papel de los adultos
Uno de los mensajes centrales del libro es que la clave de las rabietas no está tanto en lo que hace el niño, sino en cómo respondemos los adultos. Las rabietas son expresiones emocionales intensas y, al no poder regularse por sí mismos, los niños necesitan que el adulto actúe como sostén. Cuando acompañamos desde la calma, la empatía y la firmeza, les transmitimos seguridad y les damos un modelo de regulación emocional.
Por el contrario, si reaccionamos con gritos, amenazas, castigos o indiferencia, el mensaje que reciben es que sus emociones no son válidas o que deben reprimirlas. Eso no solo no resuelve la situación, sino que puede generar más frustración, miedo o desconexión emocional. Tirado insiste en que los adultos tenemos la responsabilidad de aprender a gestionar nuestras propias emociones primero, para no desbordarnos frente a las de nuestros hijos e hijas. En este sentido, cada rabieta se convierte también en una oportunidad de crecimiento para nosotros.
Estrategias prácticas para acompañar
El libro ofrece herramientas concretas para que madres y padres puedan acompañar las rabietas de forma respetuosa:
- Nombrar las emociones: poner palabras a lo que sienten ayuda a los niños y niñas a identificar sus estados internos. Frases como “Veo que estás muy enfadado porque no hemos comprado el juguete” validan la emoción y enseñan vocabulario emocional, facilitando que poco a poco puedan expresarse sin recurrir a la rabieta.
- Mantener la calma: la reacción del adulto es determinante. Somos el espejo en el que los niños aprenden a mirarse; si gritamos o perdemos el control, el mensaje es que la emoción manda. Si logramos mantenernos serenos, les mostramos que es posible atravesar la tormenta emocional sin hundirse en ella.
- Ofrecer contención física y emocional: a veces los niños necesitan simplemente sentir que estamos presentes. No siempre aceptan un abrazo en medio del estallido, pero sí perciben nuestra disposición a acogerlos cuando lo necesiten. La presencia tranquila del adulto es, en sí misma, una herramienta de regulación.
- Establecer límites claros y respetuosos: acompañar no significa darles todo lo que piden ni evitar la frustración a toda costa. Los límites son necesarios y, cuando se sostienen con respeto, ofrecen seguridad y estructura. Un “entiendo que quieras ese juguete, pero hoy no lo vamos a comprar” muestra empatía y firmeza al mismo tiempo.
- Usar el juego y la imaginación: después de una rabieta, el juego puede ser un puente para reconectar. Tirado destaca que el humor, las canciones o la creatividad ayudan a aliviar la tensión acumulada y a devolver al niño a un estado de calma. El juego, además, es el lenguaje natural de la infancia y una vía poderosa para procesar lo vivido.

Lo que aprendemos como adultos
El libro también nos invita a mirarnos por dentro. Las rabietas de nuestros hijos no solo hablan de ellos, también nos interpelan a nosotros. Muchas veces despiertan heridas no resueltas, impaciencias o recuerdos de nuestra propia infancia. Esa incomodidad que sentimos no surge por casualidad: se activa porque en su enfado reconocemos algo que, en su momento, quizás no supimos expresar o que no fue acogido como necesitábamos.
Míriam Tirado plantea que ahí está precisamente la oportunidad. Cuando nos damos cuenta de lo que se mueve dentro de nosotros, podemos aprovechar esas situaciones para crecer como adultos y acompañar de forma más consciente. Así, en lugar de reaccionar de manera automática y de repetir patrones del pasado, podemos observarnos, escucharnos y responder desde un lugar más sereno y presente.
Así, mientras los niños aprenden a regular sus emociones, los adultos también transitamos un proceso de aprendizaje y transformación. Cada rabieta se convierte entonces en un espejo y en una ocasión para sanar, comprendernos mejor y avanzar juntos en el camino de la crianza.
Conclusión
Rabietas no es solo un manual sobre rabietas, sino una guía para transformar esos momentos difíciles en espacios de conexión y aprendizaje. El mensaje principal es claro: las rabietas no son un problema a eliminar, sino una fase natural que, acompañada con respeto, ayuda a los niños a desarrollar su inteligencia emocional y fortalece el vínculo con sus padres.
Eva González
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