Autolesiones en adolescentes y redes sociales: lo que debemos saber

Desde el año 2010, las autolesiones en adolescentes han aumentado de forma alarmante. Las hospitalizaciones por esta causa han crecido un 70% entre chicas adolescentes, aunque también se registran numerosos casos entre chicos, y cada vez más profesionales alertan de que el inicio de estas conductas ocurre a edades más tempranas.

Estos datos preocupantes no son casuales, sino que coinciden con el crecimiento masivo del uso de smartphones y plataformas como TikTok, Instagram, YouTube y Pinterest. En este marco, las redes sociales no solo muestran la autolesión, sino que la presentan como opción y la normalizan.

En este artículo exploramos cómo y por qué este fenómeno se produce, y qué podemos hacer para proteger la salud mental de quienes hoy crecen expuestos a esta realidad.

Ilustración sobre autolesiones en adolescentes, apoyo psicológico en Ripollet y terapia online desde Barcelona

1. Acceso inmediato a contenido autolesivo

Las redes sociales permiten un acceso rápido y sin filtros a imágenes, vídeos y testimonios sobre autolesiones. Hashtags ocultos, publicaciones disimuladas o contenidos que pasan los sistemas de moderación logran llegar fácilmente a los perfiles de adolescentes. En muchos casos, este es el primer contacto con la idea de autolesionarse, lo cual convierte a las redes en una puerta de entrada peligrosa.

2. Imitación y sentimiento de pertenencia

Cuando l@s adolescentes ven a otros compartir sus heridas, frases o rituales relacionados con la autolesión, pueden sentir que no están solos en su sufrimiento. Esta situación puede generar un vínculo emocional y un aparente sentido de pertenencia a un grupo que atraviesa situaciones similares. En ese contexto, la autolesión puede percibirse como una forma legítima de expresión emocional, lo que facilita su imitación.

3. Grupos ocultos y algoritmos ciegos

En Instagram, TikTok y Pinterest proliferan comunidades ocultas que comparten contenido sobre autolesión. Muchos adolescentes descubren estos espacios por casualidad o a través de hashtags cifrados, y quedan atrapados en dinámicas grupales que refuerzan el daño físico como forma de afrontar el dolor emocional.

Los sistemas de moderación automáticos han demostrado ser ineficaces: no detectan adecuadamente el contenido gráfico, no filtran los mensajes implícitos, y muchas veces terminan recomendando más publicaciones similares.

4. Maduración del cerebro adolescente

En la adolescencia, la parte emocional del cerebro está muy activa, mientras que la zona racional aún no se ha desarrollado por completo. Esto provoca que las emociones intensas dominen y que los jóvenes sean especialmente sensibles a mensajes y contenidos impactantes, y que les cueste más regular y limitar el acceso y el consumo sobre ello.

5. Desensibilización del dolor

La constante exposición a imágenes explícitas puede desensibilizar emocional y físicamente al adolescente frente al daño físico, llegando a percibirse como algo normal o tolerable.

6. Cyberbullying, filtros y presión estética

El acoso digital, junto con la proliferación de contenido editado con filtros, retoques y estándares de belleza irreales, contribuye significativamente a que muchos adolescentes experimenten inseguridad, baja autoestima, desesperanza, ansiedad e incluso depresión. La autolesión forma parte de este mismo contexto y territorio digital, donde los sentimientos negativos que allí se generan pueden vincularse fácilmente con formas de paliar el dolor emocional que también circulan y se encuentran accesibles en ese entorno.

¿Qué podemos hacer?

Supervisión activa del contenido: Es importante estar atent@s a qué ven y consumen los adolescentes en internet, y hacer uso de límites: control parental, revisar el contenido en vistas a bloquear anuncios y cuentas que contienen información dañina o que nos generan malestar, confusión, disonancia o ambivalencia.

Espacio seguro para una expresión emocional abierta: Fomentar un espacio en casa donde se pueda hablar con naturalidad sobre las emociones, el cuerpo, las preocupaciones, inquietudes personales y cualquier otro tema importante. Invitar siempre al diálogo, mostrando disponibilidad y escucha sin juicio.

Fomentar el pensamiento crítico: Crear espacios donde la adolescente pueda expresar con libertad qué le gusta y qué no, qué le hace bien y qué le genera malestar. Escuchar con atención y validar su criterio favorece la construcción de una mirada propia y conectada a su valor y bienestar personal, factor protector contra conductas dañinas hacia sí mism@.

Comunicar explícitamente que puede contar con nosotr@s: Transmitirle de forma explícita que puede contar con nosotr@s y que puede hablarnos abiertamente sobre lo que ve, encuentra o le inquieta en internet y en las redes sociales. Asegurarle que, en ningún caso, vamos a juzgarle, reñirle ni hacerle sentir mal por ello.

Trabajo en la autoestima y vínculo corporal: Desde edades tempranas, fortalecer la valoración de un@ mism@ y el amor hacia el propio cuerpo, tenga la forma que tenga. Promover una mirada amable hacia él, limitando los juicios y mensajes que estén relacionados con cuestiones estéticas.

Limitar el tiempo de exposición a internet y redes sociales: Limitar el tiempo y pactar un horario de exposición al mundo digital, invitando a que ocupen su tiempo de ocio con otras actividades más saludables.

Formación e información para adultos que acompañamos: Padres, madres, educador@s o psicólog@s debemos estar capacitad@s para identificar señales tempranas de malestar o sufrimiento, saber cómo y dónde pedir ayuda, y ser conscientes del impacto que las redes sociales e internet tienen en la salud mental de l@s adolescentes, evitando dejarlos con un móvil, en el momento que les llega, sin acompañamiento ni orientación.

Eva González


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