Hablar de la muerte con los niños y niñas puede ser complicado. A menudo, los adultos intentamos suavizar las noticias más duras con frases como “se fue a dormir” o “ahora está en el cielo”, sin embargo, esto puede causar más confusión o incluso miedo. La forma en que cada infante entiende la muerte cambia según la edad y etapa del desarrollo. Aquí explicamos cómo.

0 a 3 años: Sensaciones y rutinas
Para los bebés y niños pequeños la muerte no tiene significado, pero sí pueden percibir los cambios emocionales en las personas de su entorno. Si mamá o papá están tristes, lo notan y pueden reaccionar con llanto o con una mayor necesidad de contacto: son como esponjas emocionales, absorben el estado de ánimo de quienes le rodean.
¿Cómo ayudarles?
Manteniendo rutinas estables, evitando separaciones prolongadas y ofreciendo contacto físico para transmitirle seguridad.
3 a 7 años: Muerte reversible y mensajes claros
Como a esta edad el tipo de pensamiento en los infantes es concreto, suelen ver la muerte como algo temporal y reversible. Esta idea se ve reforzada por los dibujos animados que suelen ver, donde los personajes “mueren” y vuelven a aparecer sin problema. También pueden pensar que la muerte tiene causas mágicas o que sus pensamientos o acciones la provocaron. Por ello, en esta etapa a menudo pueden preguntar dónde está la persona o ser fallecido, con preguntas tipo “¿El abuelo va a volver cuando se despierte?” o “¿Murió porque yo pensé algo malo de él?
¿Cómo ayudarles?
Evitando eufemismos y explicándoles la muerte con frases claras como: “El abuelo ha muerto, eso significa que su cuerpo dejó de funcionar y no podremos verlo más”. También es importante estar atento a sus juegos, ya que muchas veces expresan sus emociones jugando.
7 a 10 años: Entendiendo la muerte pero con dudas
Es en esta etapa cuando las niñas y los niños empiezan a comprender que la muerte es permanente, pero pueden no entender por completo su universalidad, no saber cómo interpretar del todo lo ocurrido, ni expresar sus sentimientos y emociones. Algunos pueden personificar la muerte como “el coco” o un fantasma. También, pueden no entender las causas de la muerte, dando lugar sentimientos como el miedo a quedarse solos o perder a otras personas importantes en su vida. Suelen surgir preguntas del tipo “Mamá, ¿cuándo te vas a morir?” o “Si me enfermo, ¿voy a morir también?”
¿Cómo ayudarles?
Respondiendo a sus dudas con honestidad y tranquilidad. Se pueden usar frases como: “Las personas vivimos muchos años y no toda enfermedad significa muerte. Yo estoy aquí para cuidar de ti”. También es útil reforzar la seguridad recordando cuántas personas lo protegen y ayudándole a que exprese sus sentimientos con dibujos o palabras.
Adolescencia: Cuestionamiento y emociones ocultas
Los adolescentes ya comprenden la muerte como los adultos, pero pueden resistirse a conectar con el dolor, dando lugar a rebeldía, indiferencia o aislamiento. A veces, buscan darle un significado, preguntándose sobre el sentido de la vida y su propósito.
¿Cómo ayudarles?
Es importante ser pacientes y acompañarles para que aprendan a expresar lo que sienten de manera saludable, dándoles espacio para que hablen sin presión, ofreciéndoles formas saludables de canalizar el dolor (deporte, arte, escritura…) y recordándoles que pedir ayudar es un signo de fortaleza y no de debilidad.

Resumen del «Manual de Capacitación para Acompañamiento y Abordaje de Duelo», realizado por la psicóloga en prácticas Daniela Romero.
Revisado por Eva González.
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