La búsqueda del ser en tiempos de crisis
La noche oscura del alma es un tema del que mucho se ha hablado últimamente, pero ¿realmente somos conscientes de lo que implica? Muchas veces creemos que estamos atravesando el puro infierno con nuestro dolor y nuestras circunstancias peculiares particulares en esta vida. A veces, las experiencias terrenales se vuelven intensamente dolorosas y, en ese transcurso, perdemos la esencia y el rumbo de nuestro sentir y de nuestro ser. Pero ¿sabemos realmente lo que significa la noche oscura del alma? ¿O simplemente nos asustamos al experimentar las crisis existenciales humanas, propias y necesarias en el desarrollo de nuestro propio ser y en nuestra autodefinición auténtica y real? Despojarnos de la personalidad creada y volver a la esencia del ser no es un camino fácil de transitar. Se requiere valentía para volver a renacer desde la esencia de lo que cada uno ya es; no necesita construir, sino desconstruir.
¿Qué es la noche oscura del alma?
La noche oscura del alma, según Stanislav Grof en su libro La tormentosa búsqueda del ser, es un proceso profundo y transformador que atraviesa la conciencia en su camino hacia la autorrealización y la integración profunda del ser. Desde una perspectiva que surge del alma y con una escritura que toca las fibras más íntimas, podemos decir que esta noche oscura no es solo un momento de oscuridad o sufrimiento, sino una travesía sagrada en la que el alma se despoja de las ilusiones, de las capas superficiales que la separan de su esencia pura y eterna.
Este proceso se puede entender como una disolución del ego —esa construcción que nos protege y, muchas veces, nos limita— para permitir el surgimiento de la verdadera esencia del ser. La noche oscura del alma funciona como un espejo que refleja nuestras sombras más profundas: esas partes olvidadas, rechazadas o reprimidas de nosotros mismos. Es un período en el que el ego, esa estructura que nos da identidad, se disuelve, dejando espacio para la experiencia del vacío y, eventualmente, para la iluminación.
El término «noche oscura del alma» proviene del poeta y místico español San Juan de la Cruz (1542-1591), quien en su poesía expresa la experiencia del alma que, en su camino hacia la unión con lo divino, atraviesa una noche de purificación: un período de oscuridad, silencio y entrega en el que el alma se desprende de los apegos terrenales para acercarse a Dios. San Juan utilizó un lenguaje simbólico y metafórico para describir este proceso, que en su contexto estuvo marcado por dificultades, persecuciones y búsquedas espirituales intensas. La noche oscura en su poesía representa esa etapa de despojamiento, en la que el alma se libera de las ilusiones y se prepara para una unión más profunda con la divinidad.

¿Por qué puede surgir este proceso?
Grof explica que el despertar de conciencia puede manifestarse en diferentes formas: crisis vitales, episodios de depresión profunda, experiencias místicas o estados alterados de conciencia. Algunas de estas experiencias se desencadenan por cambiosexternos, como pérdidas, enfermedades o crisis existenciales, pero en su núcleo representan una prueba de amor del alma hacia sí misma, un proceso de purificación que prepara el camino hacia la integración total del ser. Esto puede ocurrir de una forma abrupta y poco funcional para el día a día, lo cual conlleva que se viva muchas veces desde la dificultad.
En cambio, existen en muchas otras situaciones, en las cuales este proceso se da gradualmente o incluso a través de emociones positivas y no necesariamente desgarradoras, como se explicará más adelante.
Este proceso no es un final, sino un comienzo: un momento sagrado donde la oscuridad se vuelve la cuna de una nueva luz, una oportunidad para el despertar a una verdad más profunda que habita en nuestro interior.
La desconexión con el ritmo interno en la sociedad moderna
En la sociedad de hoy en día, los desequilibrios emocionales y mentales están a la orden del día, ya sean provocados por trastornos internos, experiencias propias o, en muchos casos, por la sociedad, las normas y los ritmos a los cuales estamos empujados a actuar.
El ser humano es orgánico, con ritmos y tiempos propios; cada ser vivo respira en esencia a su manera, y muchas veces ese ritmo propio no se respeta, ni por uno mismo ni por la sociedad. En la actualidad, todo es rápido, está al alcance y requiere el mínimo esfuerzo posible. Estamos inmersos en una sociedad que, muchas veces, cuenta con muchas comodidades y facilidades, lo cual nos permite evolucionar y desarrollarnos socialmente a un ritmo frenético e inigualable.
El avance tecnológico que hemos experimentado nos ha dado la posibilidad de vivir una vida mucho más cómoda, sencilla y limpia en cuanto a esfuerzos cotidianos. Algo tan simple como fregar los platos o la ropa ya no es una tarea tediosa que conlleva horas de esfuerzo y tiempo. Por el contrario, toda esta aceleración no se ha quedado simplemente en algo externo, sino que también ha provocado una aceleración interna, donde se ha perdido el propio ritmo y nos hemos sobreadaptado en muchas situaciones a una vida más superficial en esencia y menos presente en conciencia.
Este ritmo tan frenético nos ayuda en muchos procesos de la vida cotidiana, en la adaptabilidad al entorno social y en la funcionalidad que desarrollamos en la sociedad. Sin embargo, cuando la funcionalidad es tan perfecta, es posible que se produzca una desconexión de la esencia, ya que ser perfectamente funcionales en una sociedad sobreexigente resulta muchas veces incompatible con el propio sentir y ritmo interno.
Aun así, esto no impide que la necesidad y el resurgimiento de la esencia se expresen igualmente. Cuando esta expresión del propio ser resurge a la superficie y se hace notoria en nuestra vida, puede manifestarse de diversas formas. Dependiendo del grado, la intensidad y la manera de transitar ese despertar interno, puede ocurrir la noche oscura del alma.
El proceso es tan único, individual, peculiar, especial, exquisito e indescifrable en cada ser humano, que allí radia su magia. La noche oscura del alma nos brinda la posibilidad de que la luz resurja en nosotros, de una forma real y palpitante.
En Occidente, el ser humano no está tan acostumbrado a la dimensión de la espiritualidad en la cosmovisión social. Somos una sociedad muy científica, donde todo aquello que no pueda ser medido, objetivado o demostrado, no tiene cabida ni en validaciones ni en la seriedad a la hora de considerarlo un proceso vital importante. Esto no solo es relevante en la vida personal de quienes lo transitan, sino que también es un proceso esencial del alma, un proceso que debe ser muy cuidado para que se pueda desarrollar correctamente. Hoy en día, este proceso se intenta esconder bajo las alfombras más profundas.

La búsqueda del ser: el despertar de conciencia
La importancia del espacio seguro y el acompañamiento sensible
Las personas que están experimentado esta búsqueda del ser, en las cuales transitan momentos difíciles y de crisis, deben sentir que sus experiencias son valiosas y que pueden expresarlas sin temor a ser rechazadas o patologizadas. Esto es importante tenerlo en cuenta tanto en contexto terapéuticos como en la vida cotidiana, donde es fundamental crear un entorno que transmita seguridad, calidez y sobretodo que esté libre de juicios de valor.
El acompañamiento debe ser respetuoso, empático y sensible, favoreciendo la integración de las experiencias vividas. En este sentido, es esencial contar con profesionales de la salud mental familiarizados con los estados alterados de conciencia y las experiencias espirituales.
En su libro, Stanislav nos explica la importancia de permitir que estos estados alterados de conciencia puedan manifestarse y ser experimentados con permiso. El problema que enfrentamos como sociedad es la poca información y apertura mental hacia estos procesos, lo que conlleva al error de etiquetar cualquier experiencia que se sale de la norma como algo patológico o como una enfermedad mental. Esto no excluye la posibilidad de que existan situaciones en las que un desequilibrio orgánico pueda producir estos estados alterados de conciencia, ya sea por una enfermedad orgánica o una enfermedad mental. Por ello, es fundamental contar con profesionales experimentados y bien informados en el manejo de crisis espirituales y psicopatologías, para poder realizar un diagnóstico diferencial fundamentado y evitar caer en el error de patologizar procesos del alma que, en realidad, pueden convertirse en potentes herramientas de transformación para la persona que los experimenta.
Para Grof, el despertar de la conciencia puede manifestarse de dos maneras principales: de forma abrupta y tormentosa o de manera gradual y armoniosa. Cada una de estas experiencias refleja diferentes procesos internos y dinámicas psicológicas.
– Despertar abrupto y tormentoso:
Cuando una persona atraviesa un despertar de conciencia súbito, suele experimentar una especie de «crisis» o «tormenta». Este proceso puede parecer como una ruptura repentina con su percepción habitual de la realidad, a menudo acompañado de intensas emociones, confusión, miedo y un sentimiento de desintegración. Desde la perspectiva de Grof, esto puede ser resultado de una liberación rápida de contenido inconsciente, donde viejos patrones, miedos profundos o traumas emergen de golpe. La experiencia puede sentirse como una especie de «catástrofe interna», pero en realidad, es una oportunidad para confrontar y integrar esas partes ocultas del ser. Aunque puede ser aterrador, en el fondo representa un proceso de purificación y expansión de la conciencia. Este tipo de despertar es el cual podemos asociar directamente a experimentar la “noche oscura del alma”
– Despertar gradual:
Por otro lado, cuando el despertar es progresivo, la persona experimenta un proceso más suave y sostenido. Aquí, la conciencia se expande lentamente, permitiendo integrar cada nivel de experiencia sin sentirse abrumada. Este camino suele estar acompañado de un crecimiento interior más estable, una mayor comprensión de uno mismo y un sentido de conexión con la vida y el universo. Desde la visión de Grof, este proceso favorece una integración más profunda y duradera, facilitando una transformación que se realiza en armonía con el ritmo natural del individuo.

Los pasos en un proceso de emergencia espiritual
A continuación, se describe una secuencia de pasos que suelen atravesar quien experimenta una noche oscura del alma:
1. El Despertar de la Conciencia: Todo comienza con una chispa, un momento en el que la conciencia se expande más allá de las limitaciones habituales. Es como una luz que empieza a iluminar rincones oscuros, despertando la percepción de que hay algo más allá de la realidad cotidiana. Es un llamado a despertar a tu verdadera esencia. Puede ser algo tan sencillo como empezar a sentirse incómodo en ambientes donde antes eran lugares agradables, notar que hay algo en nosotros que es diferente, ya sea un cambio de pensamiento, percepción o, por ejemplo, un trabajo que nos motivaba y nos lleva a sentirnos desconectados; ello nos lleva a una búsqueda interna.
2. La Confrontación con las Sombras: En este paso, emergen miedos, heridas y aspectos reprimidos de ti mismo. Es un proceso de enfrentamiento amoroso con esas partes que has evitado, con el fin de integrar y sanar. Aunque puede parecer desafiante, es un acto de valentía y autoamor.
3. La Caída y el Abandono: La experiencia puede llevarte a sentir que pierdes el control, que todo se disuelve y que te sumerges en un mar de incertidumbre. Pero en ese acto de rendición y confianza, encuentras una libertad profunda, como soltar el peso y permitirte flotar en la vastedad del ser. La lucha aquí radica en permitir esa disolución necesaria de nuestra personalidad, soltar las capas y permitir que surja la pregunta de ¿Quién soy?
4. La Renovación y la Reintegración: Tras la tormenta, llega una etapa de profunda transformación. Desde esa vulnerabilidad, emergen nuevas comprensiones, una sensación de paz y una conexión renovada con la vida. Es un renacer, una oportunidad de reescribir tu historia con mayor amor y autenticidad.
5. La Integración: Finalmente, todo lo aprendido y experimentado se asienta en tu corazón. Es un proceso de asimilar esas experiencias en tu vida cotidiana, llevando esa luz interior a cada acto, pensamiento y emoción. Es un acto de amor hacia ti mismo y hacia el mundo. No se trata de cambiar radicalmente nuestra vida; de hecho, muchas veces seguirá siendo exactamente igual a la anterior, pero la mirada con la cual se transita es desde un lugar más amoroso y con más conciencia de uno mismo y del entorno.
Estas fases, aunque pueden variar en intensidad y duración, representan un camino de autodescubrimiento y crecimiento espiritual.
Cómo acompañar estos procesos: La necesidad de una nueva mirada en la salud mental
La apertura hacia la dimensión espiritual y energética
El avance científico y tecnológico ha llevado a una visión más materialista y racionalista, en la que todo lo que no puede medirse o demostrarse parece no tener lugar. Sin embargo, en la práctica clínica y en la experiencia de muchas personas, la dimensión espiritual y energética emerge cada vez con mayor fuerza.
Cada vez más, los profesionales de la salud mental deben estar preparados para acompañar estos procesos, entendiendo que las experiencias espirituales y los estados no ordinarios de conciencia no siempre son patologías, sino potenciales caminos de autoconocimiento y sanación. La clave está en distinguir entre un proceso genuino de despertar y un desequilibrio que requiere intervención clínica.

La formación y el acompañamiento profesional
En este despertar de conciencia, contar con el sostén, apoyo y guía de alguien experimentado que entienda lo que estamos atravesando es crucial y esencial para que la experiencia pueda desarrollarse de la manera más humana posible. Cuando un despertar es gradual, la persona puede mantener muchas veces un nivel mínimo de funcionalidad y, más o menos, seguir con su vida cotidiana, aunque debe realizar pequeños cambios que le permitan transitar, entender e integrar las vivencias que van surgiendo. En cambio, en un despertar abrupto, muchas veces la persona se puede ver paralizada, y esto conlleva que su devenir diario no sea compatible. Desde fuera, si no se entiende que lo que se está transitando es una crisis de emergencia espiritual, puede interpretarse como un proceso que corre el riesgo de patologizarse y medicalizarse innecesariamente, lo cual automáticamente frenaría toda la experiencia que está emergiendo en la conciencia.
En su libro, Stanislav también nos brinda indicaciones tanto a los profesionales de la salud como a los familiares y amigos de aquellas personas que están transitando estos procesos. En cuanto a estos últimos, es importante tomar conciencia y poder identificar cuándo alguien está cambiando y atravesando un proceso tan personal, ya que muchas veces, sin ser conscientes, personalizamos procesos que no nos pertenecen y reaccionamos de manera que no nos incumbe. Es muy fácil sentirse herido o rechazado por palabras o actitudes diferentes emanadas de un ser querido. Tener presente que la persona amada que tenemos al lado está transitando por una noche oscura del alma nos ayudará a tratarla con compasión, amor y sin tanto juicio. Esto nos permitirá no tomar sus actitudes, emociones y acciones de forma personal, sino con una mirada de apoyo y sostén, siempre que nuestro propio equilibrio emocional nos lo permita.
En cuanto a los profesionales de la salud mental, hoy en día es un hecho palpable y más que evidente que toda la dimensión espiritual ya no está reservada a monasterios clandestinos o a grupos selectos donde el conocimiento es oculto y no compartido con el resto de la humanidad. El avance tecnológico ha hecho posible el acceso a una innumerable cantidad de información en todos los ámbitos existentes. Esto ha permitido que el ser humano se desarrolle a un nivel más veloz intelectualmente, y, junto con otros muchos factores que han contribuido, ha surgido un interés creciente por las terapias alternativas, las herramientas de autoconocimiento y las prácticas de autoexploración.La dimensión espiritual y energética ha adquirido una importancia considerable que ya no puede pasar desapercibida.
Cada vez son más las personas que buscan comprender su sentir más allá de las ciencias explicables; cada vez son más las que experimentan situaciones y emociones fuera de lo “normal” desde nuestra perspectiva occidental. También son mayores las interrogantes sobre el sentido de la vida, el propósito y la misión personal. Cada vez hay más personas que sienten la incongruencia entre su ritmo interno y el ritmo que exige la sociedad. Más individuos desean conectar, conectarse consigo mismos, con los demás, con la vida. Y, sobre todo, cada vez son más quienes sienten un llamado a buscar en su interior, a encontrar su calma y su sentir, en su propio mundo interior.
Todo lo mencionado tiene un impacto en los profesionales de la salud mental, quienes muchas veces necesitan ir más allá de los enfoques tradicionales para acompañar esas preguntas sin respuesta, esos procesos que no son explicados desde la teoría, la práctica, la ciencia o los manuales. Nos desafía a abrir la mente, a explorar otras perspectivas, a buscar nuevas herramientas de autoexploración y a generar formas de acompañamiento sin juicio y con sostén. A medida que el ser humano empieza a permitirse experimentar y transitar esos periodos, como profesionales debemos aprender a guiar esos procesos y tener la valentía de sostener estas profundas transiciones, como hemos mencionado al inicio, de la noche oscura del alma.
Att: Psicóloga Didi Goia
Reflexión inspirada en el libro La tormentosa búsqueda del ser, de Cristina Groff y Stanislav Groff
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