¿Cuántas veces has escuchado “no llores más que tienes que ser fuerte”, “los niños no lloran”, o frases por el estilo? O quizás has sido tú quien en un intento de consolar a alguien has dicho cosas como: “ánimo y no llores, llorar es de débiles”. Ya sea debido a una triste vivencia, una ruptura reciente o un acontecimiento perturbador entre otras muchas cosas, nuestras emociones fácilmente pueden desencadenar en una descontrolada catarata de lágrimas. Por la educación que hemos recibido, muchas de esas veces preferimos ocultar esas lagrimas por no preocupar o por miedo a parecer personas débiles.
