Vivir en grandes ciudades como Barcelona o Madrid tiene muchas ventajas: transporte eficiente, cultura, oportunidades laborales y gran proliferación de actividades de ocio. Sin embargo, el entorno urbano también puede generar estrés urbano y afectar nuestra salud mental.
Según un estudio publicado en BMC Public Health (2025), el estrés urbano se define como una respuesta psicofisiológica cuantificable de individuos y poblaciones ante la combinación de factores ambientales, sociales y económicos presentes en los entornos urbanos, pudiendo generar síntomas como ansiedad, irritabilidad, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y malestar físico.
A continuación, exploramos algunos de los factores que contribuyen a este fenómeno.

1. Impacto deL EXCESO DE ESTÍMULOS visualES
Uno de los factores que influye negativamente en el estrés urbano es la exposición constante a numerosos estímulos visuales. Por ejemplo, alguien que vive cerca de calles muy transitadas en Barcelona puede experimentar sobrecarga visual debido a los anuncios, señales de tráfico, edificios altos y aglomeraciones. Esta estimulación permanente dificulta los momentos de descanso mental y aumenta la tensión diaria, sucediendo incluso sin ser plenamente conscientes de ello.
2. Efectos del ruido
La exposición constante a ruidos urbanos es un factor clave del estrés en la ciudad. La contaminación acústica activa de manera sostenida el sistema nervioso, especialmente la amígdala, la región cerebral responsable de la respuesta emocional al estrés. Por ejemplo, vivir cerca de avenidas muy transitadas o zonas con tráfico constante en Barcelona puede provocar aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular y dificultad para relajarse. Esta sobreestimulación auditiva afecta la concentración, el sueño y la regulación emocional, elevando los niveles de ansiedad y malestar general.
3. aislamiento social en medio de la multitud
Aunque las grandes ciudades están densamente pobladas, diversos estudios muestran que vivir en entornos urbanos puede favorecer la soledad no deseada. La alta densidad de población no garantiza conexiones significativas; el diseño urbano centrado en el transporte o la menor probabilidad de interacción social espontánea con personas conocidas debida a la multitud, aumentan el riesgo de ese aislamiento.
4. Estrés económico y presión financiera
Estudios muestran que la desigualdad de ingresos y los altos precios de vida (vivienda, cafeterías, restaurantes…) en entornos urbanos generan inseguridad financiera y presión constante, afectando la salud mental. Además, la falta de espacio en la vivienda amplifican esta tensión.
5. FALTA DE CONTACTO CON LA NATURALEZA
Estudios realizados en Catalunya muestran que la ausencia o poca cantidad de zonas verdes y entornos naturales en las ciudades también tiene efectos perjudiciales sobre la salud mental.
Estudios comparativos muestran que las personas que viven en zonas rurales tienden a experimentar menores niveles de estrés ambiental. Sin embargo, mudarse no siempre es posible ni necesario.
La clave es aprender estrategias de regulación emocional adaptadas a la vida urbana y autocuidado consciente. Veamos a continuación.

PAUTAS DE REGULACIÓN Y AUTOCUIDADO
Existen estrategias de regulación sensorial y autocuidado que ayudan a equilibrar la respuesta del cuerpo y la mente ante este tipo de contextos. A continuación, se presentan diferentes enfoques prácticos que pueden integrarse en la vida diaria.
Gestionar la exposición al ruido y contaminación
Evitar, cuando sea posible, calles muy transitadas y buscar espacios más tranquilos. Incluso cortos periodos en parques urbanos o terrazas ajardinadas reducen la activación del estrés y mejoran el ánimo.
Conectar con la naturaleza
Incluso en grandes ciudades, el contacto con la naturaleza tiene efectos positivos en la salud mental. Investigaciones en Catalunya han mostrado que la proximidad a áreas verdes reduce la ansiedad y mejora el bienestar psicológico. Por ejemplo, un estudio realizado por los hospitales Vall d’Hebron y Sant Joan de Déu encontró que la cercanía a zonas verdes disminuía conductas agresivas y mejoraba el bienestar infantil. Por otro lado, programar caminatas, pausas en parques o actividades al aire libre puede ser un recurso muy efectivo para adultos, niños y niñas.
Hacer de tu hogar un espacio de calma
Transformar el hogar en un refugio tranquilo ayuda a contrarrestar la sobreestimulación urbana. Esto incluye aislar ruidos externos, mantener un orden visual que genere sensación de armonía, utilizar iluminación cálida, introducir plantas y elementos naturales, y reservar espacios para la relajación, la lectura o la meditación.
Redes de apoyo social
Mantener contacto con amigos, familia o grupos de interés ayuda a activar las redes cerebrales que nos generan sentimientos de pertenencia, y con ello sensaciones de seguridad y confort y, ayudando a reducir la hiperactivación y los estados de alerta.
Técnicas de relajación y mindfulness
Integrar en la vida diaria actividades que ayuden a regular tu sistema nervioso como la respiración profunda, la meditación guiada o el yoga ayudan a reducir la tensión fisiológica provocada por el estrés urbano y a recuperar la concentración.
Terapia psicológica online o presencial
La terapia psicológica, ya sea online o presencial, permite aprender estrategias concretas para manejar la ansiedad, el estrés urbano y la sobreestimulación sensorial propias de la vida en grandes ciudades. La modalidad presencial ofrece un entorno directo, ideal para quienes prefieren la interacción física con el profesional. La modalidad online es ideal si quieres adaptar las sesiones a tu rutina, evitando desplazamientos y trabajando desde un espacio seguro en casa.
Eva González
Descubre más desde Mandala Psicologia Psicoterapia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

