El cine de animación ha llegado a ser una de las mayores influencias culturales en la infancia y adolescencia. Además de ser una fuente de entretenimiento, lo cierto es que también transmite mensajes que ayudan a moldear la forma en que comprendemos las emociones, las relaciones y la salud mental en general.
Desde la psicología, entendemos que la salud mental no es solo la ausencia de trastornos, si no un estado dinámico que atraviesa la vida cotidiana, reflejado en la manera en que gestionamos nuestras emociones, nos relacionamos con otras personas y afrontamos las adversidades (OMS, 2022).
En este artículo analizamos desde una perspectiva crítica y psicológica este tipo de representaciones audiovisuales, centrándonos en ejemplos Disney, pues éstas pueden convertirse en recursos educativos valiosos o bien en vehículos de estigmatización y transmisión de estereotipos que perjudican seriamente nuestra salud mental.

Representaciones negativas: LOS estereotipos DE GÉNERO
Durante décadas, los clásicos de Disney como La Bella Durmiente, La Cenicienta, Aladdín, La Sirenita o Blancanieves, han reproducido estereotipos de género muy rígidos. En estas películas vemos princesas pasivas, dependientes de un príncipe que las rescata, junto con protagonistas masculinos que se definen por ser valientes, fuertes y poderosos. Más allá de esta primera impresión que reflejan los protagonistas masculinos y que, junto al amor de las princesas los convierten en ejemplos del “hombre ideal”, encontramos actitudes y rasgos muy negativos.
Un ejemplo claro de esto es la película de la Bella y la Bestia. La Bestia es un hombre violento que secuestra a bella tras abandonar a su padre. Bella termina sintiendo lástima por él y pensando que su amor puede salvarlo de sí mismo, convirtiéndole en una buena persona (esto se refleja incluso visualmente cuando finalmente él recupera su forma humana de príncipe). Esta narrativa da la información que es posible establecer una relación afectiva con una persona violenta y que nos trata mal, y lo normaliza. Algunos profesionales afirman que ocurre más en mujeres, debido a la sumisión y «el rol de salvadora” con las cuales se las ha socializado, y a los mitos del amor romántico como «»El amor verdadero todo lo soporta», «El amor todo lo puede» o «Si me quiere, cambiará» (puedes leer más sobre esto en este artículo ¿Todo lo soporta el amor? 9 creencias que te alejan del bienestar emocional en pareja), que les hace creer que ellas lograrán tener una relación satisfactoria gracias a su esfuerzo y amor. Si volvemos al ejemplo de la película La Bella y la Bestia, podemos ver esta misma narrativa a lo largo de toda la película.
Este es un ejemplo de otros muchos que predominan en diversas películas infanto – juveniles. Diversas investigaciones han mostrado que la exposición a este tipo de narrativas puede fomentar la interiorización de creencias sexistas así como a expectativas poco realistas sobre el amor y las relaciones (England et al., 2011). Además, estos estereotipos pueden afectar a la autoestima y al autoconcepto, especialmente en niñas (Coyne et al., 2016), aunque creemos que también de manera muy negativa en los niños.
En relación a las niñas, su autoestima y autoconcepto se pueden ver afectados al verse reflejadas en iguales pasivas, sumisas y dependientes. En cuanto a los niños, también pueden desarrollar problemas a consecuencia de creencias como “los chicos no lloran” o «la violencia en los chicos es válida e incluso deseable», impidiéndoles pedir ayuda cuando la necesitan y generando sentimientos de frustración que se pueden traducir en conductas disruptivas a largo plazo.

Ambos géneros pueden sufrir el impacto en su salud mental al favorecer dinámicas de dependencia emocional, inseguridad y normalización de relaciones desiguales (Grabe et al., 2008). Y esto se traduce en problemas de salud mental individual y colectiva, en la medida que estos patrones disfuncionales generan sufrimiento interno así como a las personas con las que establecemos vínculos importantes.
En consulta, estos patrones aprendidos se observan a través de dificultades relacionales y malestar con la autoimagen y el autoconcepto, afianzado por los roles de género ya vividos en la vida cotidiana (familia, escuela, trabajo…), generando la necesidad de cuidar el contenido y los mensajes que subyacen en los medios audiovisuales, pues son un agente socializador de gran alcance.
Avances hacia una representación más consciente
En la actualidad, Disney está cambiando progresivamente el enfoque de sus narrativas. Sus películas cuentan ya con personajes como Mérida de Brave, Elsa de Frozen o Vaiana —entre otras— que se muestran independientes, complejas y resilientes. Estas protagonistas femeninas gestionan sus emociones y su propia vida sin depender de figuras masculinas.
Además, películas como Inside Out o Soul representan algunos procesos psicológicos —como la regulación emocional, el duelo, el propósito vital y la importancia de aceptar todas las emociones, incluso las desagradables— como parte natural del día a día, en los que los protagonistas muchas veces son varones, abiertos a experimentar también toda la gama de emociones y procesos vitales. Este cambio muestra una comprensión más cercana a la psicología, donde la salud mental es cuidada y tenida en cuenta.
Por otro lado, estas nuevas producciones ofrecen oportunidades psicoeducativas tanto a profesionales como a tutores, puesto que nos permiten hablar de emociones con niños y niñas, cuestionando estereotipos y fomentando la empatía. En consulta, trabajar a través de personajes ficticios facilita que los niños y niñas proyecten sus miedos, deseos o fortalezas, ofreciéndonos una herramienta terapéutica valiosa (Harris y Kuchta, 2021).

la Salud mental existe en lo cotidiano
A veces tenemos la idea que una falta de salud mental es un trastorno diagnosticado por un manual o por psicólogos y psiquiatras. La realidad es que la salud mental abarca la propia gestión emocional, el conocimiento de un@ mism@, la capacidad de establecer vínculos respetuosos y satisfactorios o de abrirse paso a través de las dificultades y los desafío de la vida, con contacto y consciencia. Cuando los medios representan la salud mental únicamente como sinónimo de trastorno, se pierde la oportunidad de transmitir la idea de que cuidar de la propia salud mental es un hábito tan importante, que atiende a los pequeños actos y dinámicas de la vida cotidiana, como pasa con la higiene o la alimentación.
Es por esto que películas como las anteriormente comentadas suponen un avance al visibilizar que todos atravesamos momentos de vulnerabilidad, algo que es normal y humano, independientemente del género, situación social y cultural.

Recomendaciones para representaciones más respetuosas
Para seguir avanzando en este camino, sería ideal que las productoras colaborasen con profesionales de la psicología a la hora de diseñar personajes y tramas relacionados con la salud mental. Esto les permitiría poder tener en cuenta algunas recomendaciones como:
● Mostrar la complejidad de los personajes más allá de un diagnóstico o de un rol de género.
●Promover la diversidad de experiencias emocionales, sin reforzar clichés.
●Normalizar la búsqueda de ayuda profesional y el valor del apoyo social.
●Presentar la salud mental como parte de la vida cotidiana, no como un aspecto excepcional o dramático.
ConclusiÓN
Las películas de Disney han evolucionado hasta mostrar narrativas más conscientes y respetuosas con la diversidad emocional y social, pese a que seguimos viendo estereotipos y roles de género muy marcados en sus películas. El impacto que estas narrativas tienen en la percepción social y en la vida emocional de niños y niñas nos empuja a mantener una mirada crítica, puesto que el cine constituye una herramienta de socialización y aprendizaje.
El objetivo es que este medio audiovisual deje de reforzar prejuicios para convertirse en un recurso que ayude a normalizar, educar y acompañar en el cuidado de la salud mental.
Coescrito por Sheila Odena y Eva González
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