El apego es el vínculo emocional que establecemos desde los primeros años de vida con nuestras figuras de cuidado. Este vínculo es clave porque nos da seguridad y protección, y constituye la base de nuestras futuras relaciones.
El psicólogo John Bowlby, junto con Mary Ainsworth, describió diferentes estilos de apego según las experiencias tempranas con los cuidadores. A continuación se explican los estilos principales de apego en la infancia, con ejemplos y su reflejo en la vida adulta.

Apego seguro
CARACTERÍSTICAS:
El apego seguro se forma cuando el cuidador es sensible y consistente, respondiendo adecuadamente a las necesidades del niño o la niña. Gracias a esta respuesta confiable, el niño se siente seguro para explorar su entorno, sabiendo que el adulto estará disponible si lo necesita. Este contexto le permitirá desarrollar una base emocional estable y saludable.
EJEMPLO:
Marcos, de 2 años, juega en el parque mientras su madre lo observa desde un banco. Cada cierto tiempo, Marcos la mira para asegurarse de que está allí. Cuando un perro grande se le acerca y se asusta, corre hacia su madre en busca de consuelo. Ella lo calma con un abrazo y palabras tranquilizadoras. Poco después, Marcos vuelve a jugar.
APEGO SEGURO EN LA VIDA ADULTA:
Las personas con apego seguro suelen confiar en los demás, manejan bien los espacios de intimidad y de independencia, y suelen tener una autoestima saludable. Buscan apoyo cuando lo necesitan y disfrutan de las relaciones sin temor excesivo al abandono o a la fusión.
Apego ansioso-ambivalente
CARACTERÍSTICAS:
Este tipo de apego aparece cuando el cuidador es inconsistente, respondiendo a veces con sensibilidad y otras sin ella o con distancia afectiva o emocional. Como resultado, la niña o el niño desarrollan ansiedad, pues no saben si recibirán apoyo cuando lo necesiten. Por ello, buscan constantemente la atención del cuidador y les cuesta calmarse, incluso cuando recibe consuelo.
EJEMPLO:
Mateo, de 4 años, está jugando y se asusta con un ruido fuerte. Corre hacia su madre buscando consuelo. Ella primero lo toma en brazos y le dice con cariño: “No pasa nada, estoy aquí”. Pero al poco rato, molesta porque Mateo no deja de llorar, lo deja en el suelo y le dice: “¡Ya basta, eres un llorón!”. Mateo, confundido, vuelve a abrazarla con fuerza mientras solloza, sin lograr calmarse, porque no sabe si su mamá lo apoyará o lo rechazará la próxima vez.
APEGO ANSIOSO – AMBIVALENTE EN LA VIDA ADULTA:
De adultos, este estilo puede manifestarse en una necesidad intensa de cercanía, miedo al rechazo o al abandono y una gran preocupación por la relación. A menudo se experimentan altibajos emocionales en los vínculos, siendo sensibles a ser heridos por señales ambiguas.
Apego evitativo
CARACTERÍSTICAS:
El apego evitativo se desarrolla cuando el cuidador suele mostrarse frío, distante o rechaza las expresiones emocionales del niño. En consecuencia, la niña o el niño aprende a no mostrar sus necesidades ni emociones para evitar el rechazo. Aunque por fuera puede parecer autosuficiente y evitar buscar consuelo, por dentro puede sentirse ansioso o inseguro, pero reprime esos sentimientos.
EJEMPLO:
Lucía, de 5 años, llega del colegio y le muestra a su mamá un dibujo que hizo con mucho entusiasmo. Su mamá apenas lo mira y le dice sin mucho interés: “Ah, está bien, ahora no tengo tiempo, ve a jugar sola”. Lucía baja la mirada, guarda el dibujo y se va a su cuarto sin insistir, aunque por dentro se siente decepcionada y le habría gustado que su mamá se sintiera orgullosa.
APEGO EVITATIVO EN LA VIDA ADULTA:
Las personas con este tipo de apego suelen evitar la intimidad emocional, priorizan la independencia y pueden tener dificultades para reconocer y expresar sus propias necesidades afectivas. A menudo mantienen cierta distancia en las relaciones por miedo a la vulnerabilidad.
Apego desorganizado
CARACTERÍSTICAS:
Este estilo de apego se da cuando el cuidador es fuente de miedo o inseguridad, como en situaciones de maltrato, negligencia o comportamientos muy impredecibles. El niño no desarrolla una estrategia clara para buscar apoyo y su comportamiento suele ser confuso y contradictorio, alternando entre acercamiento y rechazo, e incluso quedándose paralizado o desorientado ante el cuidador.
EJEMPLO:
Sofía, de 3 años, ve que su madre se acerca después de haberla dejado sola un rato. Corre hacia ella, pero de repente se detiene, parece confundida, se lleva las manos a la cabeza y se queda paralizada. Quiere consuelo, pero al mismo tiempo teme la reacción de su madre.
APEGO DESORGANIZADO EN LA VIDA ADULTA:
En la adultez, este estilo puede relacionarse con relaciones caóticas, miedo a la intimidad, dificultad para confiar en los demás y conductas contradictorias: deseo de cercanía mezclado con rechazo o temor. A menudo existe una lucha interna entre el deseo de vincularse y el miedo al daño.

El valor de comprender el apego
Gracias al trabajo de John Bowlby y de quienes han seguido sus pasos, hoy disponemos de un valioso marco que nos ayuda a comprender mejor nuestras relaciones y nuestra manera de vincularnos. Sus investigaciones nos han ofrecido una especie de mapa que nos permite reconocer cómo las primeras experiencias con quienes nos cuidaron han influido en la forma en que nos hemos ido construyendo a lo largo de la vida.
Este conocimiento tiene un enorme valor práctico. Por un lado, nos brinda claves para acompañar de manera más consciente y respetuosa a los niños y niñas. Nos invita a ofrecer entornos donde se sientan seguros y escuchados, ya sea en el hogar, en la escuela o en cualquier espacio en el que crecen y se desarrollan.
Por otro, esta comprensión nos ayuda a entender nuestra propia manera de vincularnos y relacionarnos en la vida adulta: nuestra forma de sentir, de establecer lazos y de afrontar los desafíos en nuestras relaciones. Nos permite poner luz sobre muchas de las tensiones internas, hábitos o tendencias que hemos desarrollado a lo largo del tiempo. Y, sobre todo, nos ofrece la posibilidad de cuidar de todo ello para poder avanzar, sanar y abrirnos a construir vínculos más seguros y saludables, tanto con los demás como con nosotros mismos.
Eva González
Descubre más desde Mandala Psicologia Psicoterapia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

2 comentarios sobre “Apego infantil: tipos, ejemplos y su impacto en la vida adulta”