La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones de incertidumbre, amenaza o sobrecarga emocional. Sin embargo, cuando se vuelve constante o desbordante, puede afectar nuestro bienestar físico, mental y relacional.
En este artículo encontrarás 13 técnicas prácticas que ayudan a calmar el sistema nervioso y recuperar el equilibrio interior. Puedes elegir una o combinar varias, quédate con las que más te funcionen 🙂

- Escribir lo que sientes
Poner en palabras lo que pasa por dentro es una manera poderosa de ordenar el caos emocional. Escribir, sin juzgar ni corregir, transforma lo difuso en algo visible, procesable. A nivel cerebral, ayuda a desactivar la amígdala (responsable de la respuesta de miedo) y fortalece las áreas de regulación emocional. Además, permite observar los pensamientos desde fuera, como algo que tengo, no algo que soy. Es un acto íntimo de escucha hacia uno mismo.
2. Música relajante
Escuchar música suave o sonidos naturales es una forma de calmar el sistema nervioso a través de la vía sensorial auditiva. Melodías lentas, sonidos de lluvia o cuencos tibetanos actúan como un suave masaje cerebral, reduciendo los niveles de cortisol (la hormona del estrés), el ritmo cardíaco y la agitación mental. La música no solo acompaña emocionalmente, sino que también ayuda a disminuir la sobrecarga de estímulos, a modular las emociones, facilita el acceso a estados introspectivos y favorece la regulación emocional.
3. Mindfulness en la respiración
Detenerse unos minutos, cerrar los ojos y observar la respiración es una forma sencilla y profunda de entrenar la atención y cultivar la presencia. El mindfulness en la respiración nos ayuda a salir del piloto automático mental y fortalece la capacidad de estar con lo que hay, sin pelear. A nivel fisiológico, regula la respiración, desacelera el ritmo cardíaco y nos ancla en el cuerpo. Con la práctica adecuada, sabiendo que en esta práctica no debemos apegarnos a los pensamientos si no observarlos sin juicio, aprendemos que no somos nuestros pensamientos, sino quien los observa.
4. Ejercicio físico moderado
Mover el cuerpo con regularidad (caminar a paso ligero, subir escaleras, practicar yoga) tiene un impacto directo sobre el sistema nervioso y la salud mental. El ejercicio libera endorfinas (neuroquímicos del bienestar), reduce el cortisol (hormona del estrés) y mejora la regulación emocional. Además, activa zonas cerebrales relacionadas con la motivación y la recompensa, lo que ayuda a salir del estancamiento mental. No es necesario hacer deporte intenso: basta con 20–30 minutos al día para notar un cambio real en cómo nos sentimos.
5. Hablar con alguien de confianza
Poder compartir lo que sentimos con alguien que nos escucha con empatía tiene un efecto profundamente sanador. La conexión humana regula las emociones, disminuye el sentimiento de aislamiento y nos recuerda que no estamos solos. A nivel neuroquímico, hablar con alguien libera oxitocina, que reduce la ansiedad y fortalece el vínculo. Nombrar lo que duele muchas veces ya es empezar a sanar.
6. Estiramientos suaves
El cuerpo guarda tensiones que la mente no sabe expresar. Estirar suavemente el cuello, los hombros o la espalda mientras respiramos con calma permite liberar la ansiedad alojada físicamente. Estos movimientos lentos envían al cerebro señales de que no estamos en peligro, ayudando a desactivar la respuesta de alerta. Nos devuelven al cuerpo, al presente, a la consciencia de estar aquí, vivos y a salvo.
7. Visualizar un lugar seguro
Cerrar los ojos e imaginar un espacio que nos transmita calma (una playa, un bosque, una habitación agradable) tiene un efecto real en el sistema nervioso. La visualización activa el cerebro como si estuviéramos allí, lo que reduce la ansiedad y facilita la sensación de refugio interno. Este lugar mental se convierte en un recurso al que podemos regresar cada vez que lo necesitemos, como un hogar emocional portátil.
8. Contacto con la naturaleza
Caminar entre árboles, observar el movimiento de las hojas o simplemente sentarse en un parque nos ayuda a salir del bucle mental ansioso. La naturaleza tiene un ritmo distinto: más lento, más orgánico, más vivo. Esta conexión reduce la presión arterial y los niveles de cortisol, y nos recuerda que formamos parte de algo más grande. En medio de un mundo acelerado, la naturaleza es un espejo de equilibrio y resiliencia.
9. Ducha de baño consciente
Una ducha consciente es más que higiene: es un ritual de reconexión. Sentir el agua, notar su temperatura, oler el jabón… todo eso nos devuelve al presente, al cuerpo, al ahora. Al practicarlo con atención plena, convertimos lo cotidiano en un espacio de calma y cuidado. El contacto con el agua regula el sistema nervioso, y el gesto de limpiar el cuerpo puede simbolizar también un reinicio emocional.
10. Dibujar o expresión artística
El arte nos permite expresar sin palabras lo que a veces no sabemos nombrar. Dibujar, colorear, modelar o simplemente trazar líneas libera tensión emocional y activa zonas cerebrales ligadas a la creatividad y el juego. Al crear, damos forma a lo interno y, sin darnos cuenta, procesamos lo que duele. No importa el resultado, sino el proceso: cada trazo es una forma de estar con lo que sentimos, sin juicios.
11. Aromaterapia relajante
Los olores tienen un acceso directo al sistema límbico, la parte del cerebro donde se gestionan las emociones. Aromas como la lavanda, la menta o el eucalipto ayudan a calmar el sistema nervioso y crean asociaciones positivas con momentos de paz. Un simple gesto como oler un aceite esencial puede convertirse en un anclaje emocional, una pequeña pausa de bienestar en medio del día.
12. Aceptar la ansiedad sin huir
Observar la ansiedad sin luchar contra ella es, paradójicamente, una de las formas más efectivas de reducirla. Cuando dejamos de resistir y empezamos a mirar lo que sentimos con curiosidad y compasión, el miedo empieza a perder fuerza. Aceptar no significa resignarse, sino reconocer lo que hay sin añadir sufrimiento. Es permitir que la emoción cumpla su ciclo, sabiendo que como todo, también pasará.
13. Bailar libremente
Bailar es una forma poderosa de liberar energía emocional, reconectar con el cuerpo y transformar el estado de ánimo. No necesitas seguir pasos ni hacerlo “bien”: simplemente pon música que te mueva y deja que el cuerpo se exprese. El movimiento rítmico, unido a la música, activa el sistema dopaminérgico y reduce la tensión acumulada. Psicológicamente, bailar rompe la rigidez mental, potencia el disfrute y ayuda a salir de estados de ansiedad o bloqueo.
Eva González
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