En la pareja se establecen acuerdos, también llamados contratos, cuya finalidad es equilibrar y estabilizar, ofrecer una distribución y un orden por los cuales cada miembro de la pareja fluirá. Muchos de estos acuerdos son pactados de manera explícita y consciente por la pareja, pero otros se establecen de manera involuntaria y menos consciente, incluso desde los inicios de la relación.
Estos acuerdos tienen un carácter estático, ya que suponen la representación de unos roles concretos y el establecimiento de unas dinámicas determinadas. Por ello, si no se revisan de forma periódica, pueden generar tensiones, malentendidos, conflictos o incluso crisis dentro del vínculo afectivo.
Veamos primero la diferencia entre los acuerdos explícitos y los acuerdos implícitos:
Tipos de acuerdos
Explícitos: Son aquellos pactos que se consensúan de manera consciente por la pareja, y que son conocidos por ambos. Se acuerdan tras una conversación o reflexión, y se expresan con palabras.
Ejemplos comunes: Mientras Raquel se ocupa de las compras del hogar, Joaquín se encarga de cocinar. Pablo y Diego han acordado que siempre intentarán acompañarse mutuamente al médico. Susana y Aina han decidido que en su casa no quieren gritos, y así se lo comunican también a sus hijos.
Implícitos: Se establecen en la pareja de manera inconsciente, sin hablarlos y sin negociarlos abiertamente. Generalmente surgen de forma espontánea desde los inicios de la relación, influenciados por la historia personal, las creencias, el entorno familiar o incluso los mandatos culturales.
Estos acuerdos tienen un carácter especial y vale la pena conocerlos, identificarlos y aprender a gestionarlos. ¡Vamos a ello!

Acuerdos implícitos en la pareja
Como comentábamos, los acuerdos implícitos no se verbalizan, pero operan de forma potente en la relación. A continuación describo algunos de los más comunes:
- Adopción de roles rígidos: Muchas parejas caen, sin darse cuenta, en dinámicas estereotipadas que limitan la espontaneidad. Por ejemplo: Uno asume el rol de «madre/padre» y el otro de «hijo/hija». Se reparten, sin hablarlo, roles como el perseguidor, víctima, salvador u observador, que provienen de patrones relacionales muy arraigados y suelen generar dependencia o tensión.
- Reparto de tareas no consensuado: El marido gestiona la economía, la mujer la limpieza del hogar, pero nunca se conversó o revisó si este reparto era justo o deseado por ambos.
Temas tabú: Hay aspectos que se evitan sistemáticamente: las fantasías sexuales, las exparejas, los conflictos familiares, el dinero o incluso la maternidad/paternidad. El silencio se convierte en norma, generando distancia emocional.
Compensaciones invisibles: Un miembro aporta estabilidad económica, mientras que el otro ofrece cuidado o compañía emocional. Esta dinámica puede mantenerse durante años sin cuestionarse, hasta que genera malestar o desigualdad.
Lealtades familiares inconscientes: En ocasiones, la pareja elegida cumple una función en el sistema familiar. Por ejemplo, si en la historia familiar hubo un padre ausente, se puede elegir una pareja que repare esa ausencia. El acuerdo implícito, en este caso, se construye desde una necesidad no resuelta más que desde una elección consciente.

¿Por qué es importante revisar los acuerdos?
Tal como comentábamos al inicio, los acuerdos permiten mantener cierto equilibrio en el sistema de la pareja. Sin embargo, por su carácter rígido, muchas veces dejan de ser funcionales con el paso del tiempo. Lo que en un momento sirvió para sostener o estabilizar, puede convertirse en un obstáculo para el crecimiento y la evolución conjunta.
Cuando estos acuerdos —especialmente los implícitos— no se revisan, es común que surjan conflictos que aparecen «sin causa», pero que en realidad responden a pactos silenciosos que ya no tienen sentido en el presente de la relación.
¿Qué hacer cuando un acuerdo deja de funcionar?
- Detectarlo y ponerle nombre. Lo primero es identificar qué dinámicas se están repitiendo sin cuestionamiento.
Hablarlo desde un lugar de respeto mutuo. La comunicación consciente es clave.
Revisar si sigue teniendo sentido. ¿Este pacto sigue representando lo que somos hoy como pareja?
Negociar nuevos acuerdos. Que se adapten a la etapa actual de la relación.
Buscar acompañamiento si es necesario. En muchas ocasiones, la terapia de pareja o el acompañamiento psicológico individual puede ayudar a poner luz sobre lo que se ha vuelto invisible.
Conclusión
Los acuerdos en la pareja, tanto explícitos como implícitos, forman parte del tejido emocional que sostiene el vínculo. Reconocerlos, revisarlos y adaptarlos no solo previene conflictos, sino que también permite construir relaciones más conscientes, libres y saludables.
Si sientes que tu relación se ha estancado en dinámicas que no comprendes o si te gustaría revisar los acuerdos que rigen tu vida en pareja, la terapia puede ofrecerte un espacio de claridad, respeto y crecimiento mutuo.
Eva González
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